sábado, 4 de octubre de 2008

El eco de la vida...


Cuenta la historia que se encontraba un padre con su hijo en un lugar alejado intentando pasar un tiempo juntos pescando, sin embargo en un momento dado comienzan a discutir por razones interpersonales de padre e hijo y comienzan a alejarse, pero aun así se lanzaban insultos a la distancia y el eco de las montañas que los acompañaban incrementaba los sonidos dándoles un tono atemorizante para los oyentes, luego de un momento el hijo corre en la búsqueda de su padre hasta alcanzarlo y le dice "padre oí una voz que me insultaba y tuve miedo", su padre le respondió diciendo "hijo, se trata de un fenómeno al que algunos le llaman Eco, pero en realidad se llama Vida".
Así que de esto uno puede recordar sucesos como una temporada de "mala suerte" en la que regularmente nos preguntamos "¿Por qué a mi?" pues cosas desfavorables suceden una tras otra. Pero nadie recuerda el pasado, pasados que suelen estar llenos de mentiras "piadosas", de acciones hechas en contra de otros o cosas que no se hicieron por el prójimo, y es que regularmente se tiende a decir "pero no pasa nada", como el típico caso en que el joven o la señorita dice "no va a pasar nada porque nunca nos ha pasado" y de pronto ella se encuentra embarazada, entonces procrean un hijo no deseado, esto podría traer consigo que el nuevo ser carezca de amor familiar y hasta de total desinterés por su desarrollo. La consecuencia podría ser un delincuente o meretriz que encontró familia en personas con casos similares, donde el seno familiar está roto por diferentes razones, y la pregunta sería "¿cómo serán sus hijos?"... Se oyó el eco?.
He podido observar un caso eclesial que me resulta muy interesante aunque podría convertirse en un tema candente, y es que en Perú la mayoría de personas congregan en Iglesias Católicas, sin embargo cuando un hermano (de la población minoritaria) que congrega en una Iglesia Evangélica le invita a participar de sus cultos, el primero regularmente prefiere buscar una salida útil para "deshacerse" del segundo con la idea poco sustentada de "otra vez los evangélicos con su religión", como si de una secta maliciosa se tratara. De otro modo, si un hermano de una Iglesia Católica invita a su culto a un hermano congregante de una Iglesia Evangélica, este último regularmente prefiere asumir el papel del otro en la escena anterior con la simple idea de “yo no creo en imágenes como los católicos”, como si se tratara de un culto a la piedra o la pintura. Aparentemente para ambos están en lo correcto, sin embargo con el transcurrir de su formación espiritual han ido consumiendo la idea de que el otro es el malo y el es el bueno, cosa que por humanidad se tiende a transmitir a los allegados y estos a los suyos. Como consecuencia en la actualidad contamos con un interesante nivel de intolerancia eclesial, que gracias a la voluntad de Dios no a producido guerras ni atropellos como los que cuenta la historia universal (este eco a veces ensordece).
Particularmente tengo la gran bendición de contar con una familia que en momentos de reunión a sabido evitar discusiones de este tipo y mantener en la misma mesa a hermanos de diferentes tendencias eclesiales (Católico, Evangélico, Adventista, Etc) y poder compartir en familia buenos momentos, cosa que agradezco a Dios enormemente.
Ahora solo me queda una pregunta por hacer al lector, ¿Qué tan fuerte suena el eco de tu vida?...


//continuará, algún día.

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